La firma de este acuerdo es, en el papel, una oportunidad histórica que los gobiernos suelen presentar como un triunfo absoluto. Sin embargo, es clave mirar más allá de los titulares. La historia argentina está llena de promesas de 'lluvias de dólares' que nunca se concretaron. Un acuerdo de esta magnitud siempre tiene ganadores y perdedores. Mientras los sectores exportadores celebran, es fundamental preguntarse: ¿qué pasará con las industrias locales que no pueden competir con la producción europea? ¿Existen planes para proteger a los trabajadores de esas fábricas? La celebración política a menudo oculta los costos sociales. Además, la firma es solo el primer paso. La 'rápida ratificación' que promete un presidente depende de complejas negociaciones y de la voluntad de otros países, donde grupos de presión muy poderosos se oponen. Como ciudadano, tu rol es dudar del triunfalismo fácil. La pregunta correcta no es si el acuerdo es 'bueno' o 'malo', sino: ¿bueno para quién y a qué costo? Vigilar su implementación y exigir transparencia será clave para que sus beneficios no se concentren en unos pocos.