El debate sobre el presupuesto expone una tensión fundamental en la política económica argentina. Por un lado, la búsqueda de equilibrio fiscal y credibilidad internacional (representada por el FMI y la acumulación de reservas) que el gobierno presenta como el único camino viable para salir de la crisis inflacionaria. Por otro, las advertencias sobre el alto costo social que implican estos recortes, afectando a jubilados, trabajadores y el sistema educativo, lo que podría generar una crisis social y profundizar la recesión. Como ciudadano, es clave mirar más allá de las posturas. No se trata simplemente de 'gobierno bueno vs. oposición mala' o viceversa. La pregunta central es si la velocidad y la profundidad de este ajuste son las adecuadas, y si existen alternativas que equilibren la estabilidad macroeconómica con la protección social. ¿Es sostenible un modelo que acumula reservas mientras se deterioran los indicadores de vida de la población? Este presupuesto es una apuesta fuerte del gobierno. El tiempo y los datos reales, no los discursos, dirán si fue una jugada acertada para estabilizar el país o un sacrificio social que no trajo los resultados esperados.