La postura de la UIA refleja una preocupación genuina por la supervivencia del tejido productivo nacional. Sin embargo, es importante considerar que también representa los intereses de un sector que, en muchos casos, se ha beneficiado de una economía cerrada. El debate de fondo plantea una tensión clásica: ¿se debe priorizar la protección de la industria local y el empleo, aun si esto implica precios más altos para los consumidores, o se debe fomentar una apertura rápida que beneficie al consumidor con precios más bajos, asumiendo el riesgo de que empresas locales no competitivas desaparezcan? La 'secuencia' que propone la UIA busca un punto medio, pero el ritmo y la profundidad de cada paso son el eje de la discusión política y económica actual. El 'consenso' que menciona Rappallini sobre los objetivos puede ser real, pero las diferencias sobre cómo y cuándo ejecutar las reformas son profundas y definen los modelos de país en disputa.