El dato de una inflación mensual del 2,8% es, en sí mismo, un indicador de estabilización. Sin embargo, el análisis no puede detenerse ahí. La diferencia entre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) general y el aumento de la canasta básica expone una tensión clave: la desaceleración de la inflación no siempre se traduce en un alivio inmediato para los sectores de menores ingresos. Cuando los alimentos y los servicios esenciales lideran las subas, el impacto en la desigualdad se profundiza. Es crucial observar si esta brecha se mantiene en los próximos meses para evaluar la efectividad real de las políticas económicas en el bienestar de toda la población y no solo en los promedios estadísticos.