La diferencia entre la proyección oficial (10,1%) y la privada (20%) no es solo un dato técnico; refleja dos visiones sobre la capacidad del gobierno para controlar las variables económicas clave. Mientras que la cifra oficial demuestra confianza en el plan de estabilización, la estimación privada pone el foco en los desafíos estructurales, como la inercia inflacionaria y el impacto de la quita de subsidios. Para el ciudadano, esta brecha genera incertidumbre y dificulta la planificación financiera. Será crucial observar si el gobierno logra alinear las expectativas y si la desaceleración de la inflación puede sostenerse sin afectar significativamente el nivel de actividad y el poder de compra.