Este acuerdo presenta una oportunidad histórica para la economía argentina, con proyecciones muy alentadoras para el sector exportador. Sin embargo, es clave entender que los números son una meta, no una garantía. El éxito dependerá de la capacidad del país para ser competitivo y de sortear el complejo camino de la ratificación parlamentaria. Es fundamental que la apertura comercial se gestione con políticas que ayuden a los sectores industriales locales que podrían verse perjudicados por la competencia europea, un punto que a menudo se omite en los festejos oficiales. Como ciudadanos, es importante seguir de cerca no solo los beneficios anunciados, sino también cómo se prepara el país para los desafíos que este pacto implica, exigiendo transparencia sobre los costos y los beneficios reales.