Esta posible decisión representa un cambio drástico en la tradicional política exterior argentina, caracterizada por su participación activa en foros multilaterales. Es crucial analizar si los beneficios de un alineamiento estratégico con una potencia mundial compensan la posible pérdida de financiamiento y la reducción de la influencia en agendas globales específicas. La promoción de una candidatura argentina al máximo puesto de la ONU, mientras se considera abandonar decenas de sus organismos, presenta una dualidad: ¿busca el país liderar el sistema multilateral desde su cúpula o redefinir su participación en él desde una postura más selectiva y distante?