La proyección del FMI presenta un escenario de dos caras. Por un lado, ofrece un horizonte optimista y un respaldo al rumbo económico actual, lo cual puede fortalecer la confianza de los inversores. Por otro, subraya la fragilidad de este pronóstico al atarlo a condiciones muy exigentes para la realidad argentina: controlar una inflación récord y mantener la estabilidad social en medio de un fuerte ajuste. Proyectar a más de dos años en Argentina es un ejercicio de alto riesgo. La observación clave es no tomar el pronóstico como un hecho, sino como un objetivo cuya viabilidad depende enteramente de resolver los desequilibrios económicos y sociales del presente.