La acumulación de reservas y la reducción de la brecha cambiaria son indicadores positivos para la estabilización macroeconómica. Sin embargo, es clave observar si esta calma es sostenible a mediano plazo en un contexto de alta inflación y ajuste económico. La persistencia de múltiples tipos de cambio, aunque con menor diferencia, sigue siendo un reflejo de las distorsiones de la economía y un desafío pendiente. La aprobación del FMI es una señal de confianza importante, pero el éxito final de la estrategia se medirá en su capacidad para traducirse en una mejora tangible para la economía real y el poder adquisitivo de los ciudadanos.