El análisis presenta un panorama donde el crecimiento del consumo depende casi exclusivamente de variables macroeconómicas, como la inflación y las tasas de interés, que están fuera del control del ciudadano común. Se menciona un crecimiento proyectado del PBI y del consumo (2.5-3%), pero al mismo tiempo se destaca que los salarios están estancados y el empleo de calidad no se recupera. Esto sugiere una posible desconexión: el crecimiento podría no traducirse en una mejora tangible para la mayoría de los hogares. Vale la pena preguntarse qué tipo de crecimiento se está proyectando y a quiénes beneficiará realmente si la base del problema —ingresos bajos y empleo precario— no muestra signos de mejora.