El cierre de más de 21.000 empresas no es solo una estadística económica; es un indicador directo del debilitamiento del tejido productivo y social. La concentración de la caída en las PyMEs es particularmente alarmante, ya que estas constituyen la principal fuente de empleo y actúan como un termómetro de la economía real. Mientras los datos macroeconómicos describen una recesión, estas cifras revelan su impacto humano: menos oportunidades laborales y mayor incertidumbre para miles de familias. Es crucial observar si las futuras políticas económicas lograrán revertir esta tendencia y fomentar un ambiente donde las pequeñas y medianas empresas puedan volver a crecer, o si esta crisis de la estructura productiva se profundizará.