Es común ver este baile de cifras: los organismos internacionales y los gobiernos tienden a mostrarse optimistas para generar confianza, mientras que los analistas locales, más pegados a la realidad cotidiana, suelen ser más cautelosos. El crecimiento del PBI es, sin duda, una noticia positiva. Pero el número grande no cuenta toda la historia. El verdadero desafío para el ciudadano es preguntarse: ¿cómo se repartirá ese crecimiento? ¿Se traducirá en mejores salarios, más empleo de calidad y un menor costo de vida, o quedará concentrado en la cima de la pirámide? La clave para analizar el futuro del país no está solo en el porcentaje de crecimiento, sino en la calidad y la distribución de ese crecimiento. Mantener una mirada crítica sobre esto es fundamental para no caer en triunfalismos vacíos ni en un pesimismo que no nos deje ver las oportunidades.