El análisis de Di Stefano presenta un panorama de contrastes, donde los logros macroeconómicos, como el superávit fiscal, conviven con debilidades estructurales, como la falta de reservas. Es positivo que se reconozca la disciplina fiscal como un pilar para la estabilidad, un cambio notable respecto a políticas pasadas. Sin embargo, la advertencia 'la historia nos condena' invita a ser cautelosos: las mejoras en los indicadores deben traducirse en beneficios tangibles para la economía real y los ciudadanos para ser sostenibles. La proyección de una baja drástica del riesgo país está fuertemente atada a la continuidad política, lo que introduce un factor de incertidumbre. La pregunta clave que queda abierta es si el actual 'campo de juego equilibrado' será suficiente para atraer las inversiones necesarias que permitan acumular las reservas que el propio mercado exige como prueba final de confianza.